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         Queridos amigos:

Posiblemente el 100% de los que vais a leer este artículo estéis en la misma situación  que yo:

Hemos perdido un hijo o una hija, y esa desgraciada circunstancia trastoca nuestro proyecto de vida. Cambia radicalmente nuestro futuro.

Al principio estamos como en una nube: no sabemos qué ha pasado, cómo ha ocurrido, ¿por qué a nosotros?, etc. etc.

A partir de ahí, todo va a ser distinto, empieza nuestro proceso de duelo. Os recuerdo que duelo deriva de dolor y que ese estado puede permanecer en nosotros mucho tiempo. Afortunadamente alguno de vosotros estaréis bastante mejor que yo, porque ya habréis superado varias fases del duelo. Me alegro por vosotros, pero otros muchos estaréis, quizá, peor que yo,  y es a este grupo a los que finalmente quiero dirigir mis reflexiones.

Para superar el duelo se puede optar por alguna de estas salidas:

1ª. Unos buscamos ayuda psicológica, y  estos profesionales nos marcan unas directrices a seguir y en algunos casos se obtienen resultados aceptables.

2ª. Otros, en cambio, dejamos pasar el tiempo, basados en esos consejos que nos dan de que “el tiempo todo lo cura”. Lo que ignoramos es cuánto tiempo tiene que pasar.

3ª. Otros vemos una salida acudiendo a grupos de ayuda mutua, como Renacer, donde recibimos el calor y el cariño de gente que ha pasado por lo mismo que nosotros. En la mayoría de los casos da muy buenos resultados ya que encontramos lo que la sociedad nos niega: la comprensión.

Peo claro está, el duelo sigue ahí y hay que buscarle soluciones, a través de consejos a los que poder agarrarnos cuando sea necesario. Y ahí van algunos de los que se me han ocurrido…

Lo primero que hay que hacer es interiorizar el duelo. No podemos ir por la calle dando pena a nadie.  Los que hemos perdido  un hijo somos nosotros y “eso” debe quedar para nosotros. Si lo conseguimos, el siguiente consejo es que no seamos egoístas.  Tomemos conciencia de que  además de haber perdido un hijo…

a) Somos  p a d r e s,  y nuestros otros hijos necesitan tambien  nuestro cariño, nuestra protección y nuestra ayuda, y ahora más que nunca o ¿es que no es nada haber perdido un hermano?.

b) Somos  e s p o s o s,  y nuestra pareja nos necesitará y mucho. Ella estará tan angustiada como nosotros mismos. Recuerda que a ella tambien se le ha ido un hijo.

c) Algunos somos  a b u e l o s,  y tenemos que volcarnos con nuestros nietos. Estas criaturas no saben qué nos ha pasado,  ni tienen que ver en nuestro rostro un ápice de tristeza.

d) Además, podemos ser c o m p a ñ e r o s de trabajo, v e c i n o s, amigos, etc. Y nuestro dolor debe ser ajeno a las personas que nos rodean.

Si pensamos en todo lo anterior ya tenemos razones más que suficientes para intentar superarnos, pero si a pesar de ello seguimos mal, pensemos que por encima  de todo somos  Persona, y ahí entramos en el campo de la autoestima.   Si no somos capaces de apreciarnos a nosotros mismos es que no merecemos nuestra condición de padre, ni esposo, ni abuelo, etc.

Ojala estas reflexiones sirvan para algo más que para rellenar un espacio en el Boletín de Renacer.

Pascual López, de Renacer Dos Hermanas, España y Papá de Jesús Alberto



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